lunes, 29 de junio de 2009

Salvación de lucidez

Tu aroma sigue incrustado en las paredes. Y no puedo arrancarlo con nada. Tu recuerdo me atormenta cada noche, haciendo la noche más oscura. Y en el día es aun más cruel, pues estás en todos lados. No puedo ser sin que estés a mi lado. Veo tus ojos oscuros en los rincones ocultos, siento tu respiración en mis vísceras. Te siento desgarrándome por dentro. Y tu voz, tu voz me hechiza en sueños... me atormenta en el sol más luminoso. Deseo la muerte, pero ni eso me dejaste. Te llevaste todo lo que tenía. Dejaste sólo el cascaron hueco de la humillación, dejaste la esencia seca... Ahora estoy cubierto de polvo en mi tumba viva... y mis palabras han de desgarrar tu recuerdo sin poderlo romper jamás. Pues tú fuiste mi maldición, eres más fuerte que la propia eternidad. Y esta ruina que soy ahora, no lo era antes... Tu me cubriste de sal... y yo te di mi obsesión. Te amo. Y no lo dejaré de hacer... pues eres más que el tiempo que me queda muerto. Aún ahora, no sé como arrancar tu aroma de las paredes, como expulsar tu aliento de mi copa... como romper tu voz, retumbando en mi cráneo. Nuestra historia fue oscura, Magdalena. Pero ahora ha terminado. Mi muerte es la única esperanza de mi delirio, es la salvación de mi demencia...

1 comentario:

Luis Monroy dijo...

Aunque digas que no tienen sentido las cosas que escribes...pues no se como pero yo se los encuentro. Este me gusto mucho, al principio me fui con la finta de que era una típica historia de desamor relatada de una forma muy bella...pero el final cambio totalmente mi perspectiva (claro si es que con Magdalena te refieres a la Magdalena mas famosa del mundo conocido) me agrado muchísimo el giro que le das a la muerte de Jesús (Si existió se habrá enamorado?) y como siempre te pido que no dejes de escribir.